No os atreváis a tocar
ni un palmo más a la huerta,
ni un palmo más a la loma.
¡Fuera de aquí, negros topos!
¡Fuera de aquí, comadrejas!
Y vosotros, que os decís llauros,
herederos de lo verde,
del riego y del rocío,
sordos al extraño cheque
que renta en minutos siglos,
no permitáis que el terrón
que fue trabajo y belleza
de noches y de mañanas,
en manos que nunca sudan
ladrillo de oro se haga.
Antonio M. Herrera
de Godayla al Amanecer